Posted on 17 December 2009.
Mientras ojeo el libro Nuestro Estadio que escribió D. Manuel Martínez Valero en 1982 y reviso algunos de los episodios más dramáticos que D. Santiago Gambín Hernández recogió en la Biblia Franjiverde del 75 aniversario del Club, siento frío. Estoy helada. Y no, nada tienen que ver las temperaturas gélidas de los últimos días.

Precisamente hoy, paso de puntillas por la época dorada y me detengo en uno de los momentos más trágicos, pero también más entrañables, que dio lugar al llamado espíritu del Gran Teatro. Corría el año 1994 y la grave situación económica del club parecía tener solo una solución: la muerte. Eran tiempos miserables. Tanto, que había huchas en todos los accesos del estadio. No había dinero para pagar la luz, ni el agua.
El Elche estaba tocado y próximo al hundimiento. De la Asamblea Extraordinaria que tuvo lugar ese año, 1994, Gambín dice lo siguiente: “La respuesta de los aficionados es rotunda. No queda ni un solo asiento. La hinchada se agolpa en los pasillos, en los palcos. Banderas y pancartas crean un ambiente emotivo. La Asamblea se agota. Don Antonio Coves está a punto de finalizarla cuando atrona la voz del San Juan del Misteri, la de don Sixto Marco, exigiendo una solución. Que nadie, ni un solo ilicitano saldrá de la sala hasta que el Elche C.F. encuentre la solución, aunque hayan de estar encerrados toda la noche. El aficionado aplaude y el ambiente se caldea. El aire se tiñe de blanco y verde. La emoción ahoga las voces y acelera corazones. El Gran Teatro se vuelve íntimo como la pequeña cueva pirotécnica que vio nacer al club”.

Por suerte, hubo un feliz desenlace. Diego Quiles se erigió por clamor popular como el salvador del Elche y, con la ayuda del consistorio ilicitano, pudo sacar adelante la nave franjiverde. Y para muestra, un botón.
La historia del Elche C.F. es, en el fondo, como la de cualquier familia o pueblo. Pasó por buenos y malos momentos. Tuvo épocas de prosperidad y depresión. Contó con hijos ilustres y gentes de paso. Experimentó intensas alegrías y profundas tristezas. Alternó la esperanza con la desesperación. Aclamó a sus héroes y lloró a sus muertos. Elche puede sentirse orgullosa de su equipo de fútbol porque la representó dignamente. Tanto, que un día, Elche se hizo del Elche.

Pero hoy…Hoy Elche ya no es del Elche y, por primera vez en la historia, el Elche tampoco es de Elche. A estas horas, el economista Juan Carlos Ramírez, es el máximo accionista del club y el tipo más listo de la clase. Nunca antes, quienes estuvieron al frente de la entidad, reclamaron el dinero y el tiempo que invirtieron en el Elche en forma de acciones como ocurrió en la Junta General Ordinaria de ayer. Éste, por cierto, era el orden del día. Otra de las novedades: la postura del Ayuntamiento. Los socialistas se han cansado de pagar con dinero del contribuyente las deudas de un Sociedad Anónima Deportiva. Lo que no saben es que si el Elche solo fuese una empresa habría desaparecido en 1950, si no antes.
Ahora podría acordarme del documento que firmó Ramón Sánchez ante notario -en el que se comprometía a pagar la deuda que generase su mandato- y de quienes le prepararon una salida airosa, pero lo cierto es que prefiero pensar en aquellos que un día quisieron de verdad al Elche y sintieron como propias sus alegrías y sus desdichas.

Precisamente por ellos, tengo la sensación de haber echado por tierra el esfuerzo de todos esos presidentes, y miembros de las juntas, que arriesgaron su patrimonio trabajando por el Elche con pasión. Una de las anécdotas que siempre recuerdo y que relata el mítico locutor deportivo en su Biblia, dice así: “El viernes di 300.000 pesetas para que viajara la expedición, porque en el club no hay ni una peseta, y ahora los jugadores se quedan en Madrid a dormir, después de perder y casi no esforzarse, y yo estoy toda la noche conduciendo para estar mañana a primera hora en el almacén”. Esa filosofía personal de D. Juan Sánchez Ruiz, que muchos otros compartieron, la de entregarse sin pedir nada a cambio, demuestra el incondicional apoyo que ha tenido el club a lo largo de toda su existencia.
Vendimos la Dama de Elche en 1897 y, más de cien años después, hemos entregado un símbolo al mejor postor. Que la propia historia juzgue, como lo hizo con el argentino Julio Cobos, este hecho y que Sixto, si todavía puede, nos siga guardando en su gloria.
Siempre franjiverdes.